MISIÓN
Crear espacios de lectura crítica y diálogo comunitario que activen el pensamiento, la organización y el cuidado colectivo en comunidades históricamente excluidas, para enfrentar las raíces de la desigualdad desde la palabra, el territorio y la acción conjunta.
VISIÓN
Imaginamos un país donde ninguna vereda ni barrio periférico esté privado del derecho a pensar(se), a narrarse y a decidir sobre su futuro. Un país donde educar sea sinónimo de dialogar, disentir, construir en común. Donde aprender sea un acto político y afectivo, y donde cada comunidad pueda reconocerse como autora de su propia transformación.
PROMESA
Si las comunidades tienen acceso a espacios donde puedan leer, conversar y reconocerse desde su propia historia y realidad, y si esos espacios están guiados con respeto, formación y compromiso, entonces podrán fortalecer sus capacidades, construir redes de cuidado y dar pasos firmes hacia una vida más digna.
En Oscio creemos que la educación no ocurre solo en las aulas, sino también en los círculos donde se comparte la palabra, se escucha sin juicio, y se cultiva el pensamiento propio.
Por eso creamos entornos donde el aprendizaje florece con libertad, donde se acompaña en lugar de imponer, y donde las personas recuperan la confianza en su voz y en su comunidad.
Nuestra Historia
Oscio no nació como una fundación, sino como una pregunta: ¿Por qué en Colombia sigue siendo un privilegio disentir, leer con otros y nombrar lo que nos pasa?
En 2021, en medio de una pandemia que volvió todo incierto, un grupo de amigos creó La Junta, un club de lectura virtual donde el libro era solo el punto de partida. Allí descubrimos que leer en comunidad no era solo compartir ideas: era reconocer el país, debatir sus heridas, pensarse la esperanza. Pero también nos hicimos una pregunta incómoda: ¿por qué, si tantas de esas historias ocurren en la periferia, se leen tan lejos de ella? ¿Por qué, si los protagonistas suelen ser los cuerpos desplazados, racializados, empobrecidos, nadie discute esas realidades con quienes realmente las viven?
Fue ahí cuando entendimos que la lectura podía ser otra cosa: no un escape de la realidad, sino una herramienta para nombrarla, confrontarla y transformarla. Y que el pensamiento crítico no debía ser un lujo reservado a unos pocos. Así nació Oscio, una fundación que cree que leer no puede seguir siendo un privilegio. Que cree en la necesidad de volver a la raíz de la educación como skholé —ese tiempo libre que los griegos consideraban esencial para pensar, conversar y aprender con otros. Aunque por razones legales debimos cambiar nuestro nombre original “Ocio”, lo resignificamos como Oscio: el Observatorio de Saberes Colectivos e Incidencia Organizada.
Hoy activamos Juntas lectoras en barrios, veredas y escuelas rurales donde leer no es una actividad de élite, sino un acto colectivo de memoria, cuidado y dignidad. No llevamos libros para enseñar. Vamos a escuchar, a conversar, a devolverle sentido a la educación como una herramienta de libertad. Porque creemos que leer es el primer paso para transformar los silencios en conversación, y la conversación en justicia.
Nuestra metodología: las Juntas de Lectura
Las Juntas lectoras son espacios de lectura crítica diseñados con y para las comunidades. No seguimos un currículo fijo: cada ciclo se adapta a las preguntas, los desafíos y los saberes del territorio.
Antes de iniciar, conversamos con liderazgos locales para identificar los temas que tienen sentido en ese contexto: migración, salud mental, paz, educación sexual, desigualdad, derechos humanos. A partir de ahí, estructuramos ciclos de lectura de 4 a 5 sesiones, con materiales adecuados y metodologías participativas.
Cada Junta es facilitada por voluntarios formados en pedagogía crítica, mediación cultural y organización comunitaria. Más que impartir conocimiento, acompañan procesos colectivos donde la lectura se convierte en punto de partida para comprender, imaginar y actuar.